30 noviembre, 2017

El ilusionismo de la taza del váter

Xavi Pérez Esquerdo, comunicador

30Nos sentamos hasta decir basta o hasta que se nos adormecen los pies o hasta que acabamos de leer el artículo o de contestar todos los mensajes de whatsapp que teníamos pendientes. De hecho, nuestra relación con la taza es más íntima que con muchos de nuestros amigos o al menos tenemos más trato directo. A menudo nos quedamos un ratito más de lo que deberíamos, porque allí nos encontramos con nuestra intimidad, y porque elimina lo peor de nosotros y nos hace sentir limpios. Pero, ¿realmente estamos limpios?

Todos tendemos a creer, no sólo los avestruces, que lo que no se ve, desaparece. Quién no ha barrido y, por pereza, ha obviado levantar la alfombra o quien no ha ocultado el pijama sin plegar bajo la almohada y ha tirado de las sábanas para allanar el bulto. Nos pasamos la vida dando significado a todo aquello que se ve y olvidándonos de lo que… lanzamos por la taza del váter.

¡He aquí el problema! Ya sabemos que la humedad mejora la sensación de higiene, pero renunciamos a que nuestros mares y ríos disfruten de la misma higiene. Vamos camino de la prohibición y esto, os prometo, me molesta. Porque a mí me gustan las toallitas higiénicas, pero no todo lo que se tira desaparece, a pesar de que el agua parece un auténtico truco de magia.

¡Tatachaaán! Ahora está… ahora no lo veo, pero sigue ahí.

Hace unos meses salió una noticia que parecía de broma, una gran bola de toallitas con grasa había conseguido crear el mayor atasco en tuberías de la historia. Londres luchaba contra un ente que, tomado de vida propia, había tragado tantos elementos desechables que había conseguido crecer y transformarse en algo digno de ser cazado por los “Ghostbusters”. Pero no era ninguna broma. Ninguna.

En 2014 se vertieron a los inodoros de los 36 municipios del área metropolitana de Barcelona más de 4,4 millones de kilos de desechos, casi 1,4 kilos por habitante.

Las toallitas, aquello tan agradable y servil, se ha convertido en un auténtico problema. Incluso la Melero ha sumado a la campaña “Stop toallitas en el inodoro” (con aquel delicado tono informativo de emergencia) que ha propuesto Aigües de Barcelona. Y es que este sustitutivo del papel, papel, está hecho con fibras muy resistentes, biodegradables y no, que tardan mucho tiempo en biodegradarse y por el camino provocan atascos, averías y contaminación.

Visto con los datos en la mano, sólo en el año 2014, se echaron en el inodoro 892 millones de toallitas y éstas ya son la causa del 46% de las averías registradas por Aigües de Barcelona.

Si queremos seguir teniendo el culo limpio, húmedo y preparado para el día a día, debemos ser conscientes de que tirar de la cadena no significa desintegrar, quiere decir, simplemente, trasladar. Para eso, mejor a la basura. Entre los restos orgánicos, también desaparecen, como por arte de magia.

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